
Nikon D300
300 mm
f/7.1
1/400 s
ISO200
EXP 0
Recupero hoy otra joya de mi archivo en la Reserva de Sigean. A veces, la fotografía de fauna no se trata solo de capturar el movimiento o la ferocidad, sino de encontrar esos momentos de quietud donde el animal parece estar sumergido en sus propios pensamientos.
Este chimpancé, sentado de forma casi humana sobre la tierra, nos regala una estampa llena de dignidad y melancolía. Me impresiona la musculatura de sus brazos y la inteligencia que emana de su rostro. Hay algo en su mirada que nos interpela directamente, recordándonos ese vínculo evolutivo tan estrecho que compartimos.
La cuerda que cuelga al fondo y el entorno árido acentúan la soledad de la escena, convirtiendo la foto en un retrato psicológico más que en una simple imagen de naturaleza. Es un recordatorio de que cada ser vivo tiene su propia historia y su propia forma de observar el mundo que le rodea.
Deja una respuesta