
Nikon D300
98 mm
f/6.3
1/250 s
ISO200
EXP 0
Para la «foto del día» de hoy, he rescatado de mi archivo esta captura realizada en la Reserva de Sigean. Hay algo profundamente hipnótico en la forma en que las garzas se mueven por el agua: una combinación de paciencia infinita y una precisión casi quirúrgica.
Lo que más me gusta de esta imagen es el perfil estilizado del ave. Su cuello largo y sinuoso, junto con su pico afilado como una saeta, se recorta perfectamente sobre los reflejos dorados del agua. El entorno, con los juncos asomando tímidamente en la parte superior, enmarca al animal en su hábitat natural, creando una composición equilibrada y llena de paz.
Es un recordatorio de que, en la naturaleza, la belleza a menudo reside en la quietud. La garza no necesita movimientos bruscos ni colores llamativos para imponer su presencia; le basta con su elegancia innata y esa mirada atenta que parece escudriñar los secretos que se esconden bajo la superficie del agua.