
Nikon D300
175 mm
f/6
1/640 s
ISO200
EXP 0
Rebuscando en mi archivo personal, me he topado con este recuerdo de un viaje por Francia, concretamente en Azay-le-Rideau. Es una imagen que casi permite sentir el calor del sol y escuchar el zumbido constante de la vida en el jardín.
La fotografía se centra en la danza incansable de la naturaleza. Una abeja, perfectamente enfocada, se afana en su labor recolectora sobre los pétalos de un amarillo eléctrico que parecen irradiar su propia luz. Me gusta especialmente cómo la profundidad de campo deja en un suave desenfoque los capullos que aún están por abrir, creando una sensación de abundancia y futuro.
Es un recordatorio de la importancia de los pequeños polinizadores y de la belleza efímera de un jardín en pleno apogeo. En días de invierno, volver a estas fotos del archivo es como abrir una ventana directa a la calidez del verano y a la perfección de los ciclos naturales.
